abril 28, 2011

La industria discográfica sueca

Artículo publicado en la revista Rolling Stone

Por qué en Suecia se venden discos y en España no


Por qué en Suecia se venden discos y en España no

La venta de música en el país escandinavo subió en 2010. Una excepción. ¿Por qué goza de buena salud en este pueblo, que tantas bandas exporta? Lo analizamos y trazamos una comparativa con nuestro país. 

Por Ivar Muñoz-Rojas

La industria de la música agoniza en todo el mundo: el disco compacto no se vende, las ventas digitales no despegan y la discográficas no invierten. ¿En todo el mundo? En Suecia no. Este país escandinavo se recupera con éxito de los azotes en un negocio duramente castigado por la crisis. Los datos lo demuestran: en 2010 aumentó allí un 10,2% la facturación en este sector, con las ventas digitales alcanzando un 16% del total despachado. Además, Suecia es el tercer exportador de música del mundo. Cuidado: estamos hablando de un país cuya población no llega a los diez millones de habitantes. The Hives, The Sounds, Mando Diao, José González… ¿Cómo y por qué tiene un papel tan relevante la música en este país, sin grandes metrópolis (su capital, Estocolmo, no llega al millón de habitantes), bipolar (entre la oscuridad y la luminosidad, según la estación) y de carácter práctico (quien haya montado un mueble de Ikea lo sabe)? La pregunta no es nueva, desde luego.      
El desarrollo de su tecnología para la telefonía móvil, el crecimiento de Spotify, la colosal plataforma sueca para consumir música… Mucho de este crecimiento responde a su capacidad de reacción. También a una cultura en la que la música (su creación, escucha, consumo…) tiene un arraigo que en España no existe. Un ejemplo: el examen final de música en un instituto sueco puede ser perfectamente interpretar canciones de Nirvana. En España esto es ciencia ficción. He aquí un análisis comparativo entre la cultura sueca y la española para hallar los porqués de la expansión de la música en la primera, y su parálisis en la segunda:    
- Un examen de rock
“Si no apruebas todas te quitamos la guitarra”; o la contraria “si apruebas todas te compramos la guitarra”. Son frases bien reconocibles para el púber español con aspiraciones a estrella rockera. En nuestra educación el rock no tiene el mismo valor que en la sueca. “En séptimo, a los 12 años, hice trabajos sobre Motörhead o los Beatles para la asignatura de música. A los 15 la cogí como optativa y el examen de final de curso fue tocar versiones de Nirvana, Iron Maiden y Refused”, cuenta Rafael Josefsson, treintañero establecido en Madrid, hijo de padre español y madre sueca, que pasó su adolescencia en este país escandinavo.          
- Más viejos vinilos entre los que buscar Cosas de no haber vivido 40 años de dictadura censuradora, como en España: en los 50, Bill Halley, con suRock around the clock, se bailó sin cesar en las típicas casas rojas de madera que decoran el paisaje de Suecia; y los suecos fueron testigos de conciertos de Johnny Cash, Jimi Hendrix, Sex Pistols… “En los 70 había mucho dinero y los adolescentes podíamos comprar un montón de discos”, cuenta un antiguo punk sueco, que emigró a España y que ahora vive de traducir al castellano, entre otros, libros de Stieg Larsson. Recorrer las tiendas de viejos vinilos en Gotemburgo o Estocolmo es una experiencia bien distinta a visitar las de Madrid o Barcelona: hay muchas más reliquias y un álbum de los Beatles no llega a costar 20 euros. Por ejemplo.
- Un clima duro que te empuja a la músicaEn Suecia, el invierno (a -10 grados) dura siete largos y oscuros meses, en el mejor de los casos. Las alternativas son pocas con este clima tan duro. "Es muy frecuente que los chavales se encierren en casas a escuchar discos o a practicar con las guitarras. Yo y mis colegas nos empollamos las canciones de Misfits, Thin Lizzy y Oasis en aquellas tardes de invierno", comenta Rafael Oscarsson, un sueco afincado en España.
- Subvenciones para potenciales estrellas de rock
Los fritidsgardar (casas de la juventud) han tenido un papel importante en la música sueca. En estos centros abiertos para jóvenes se han formado y crecido numerosas bandas, de diferentes estilos, a lo largo de los años. Éste es un ejemplo de las facilidades que hay para crear un grupo allí. Porque no es un mito: en Suecia hay ayuntamientos que dan subvenciones y prestan locales para que formaciones noveles intenten vivir de la música. Evidentemente, no todo es coser y cantar, pero hay alternativas más generosas para el bolsillo que pagar 500 euros al mes por un espacio de 20 metros cuadrados para ensayar, en el que se apila el equipo de seis bandas que comparten espacio para tocar. Lo habitual en una gran ciudad española, vaya.       
- El inglés que no parece del traductor de Google
En una comparativa, el nivel de conocimiento de inglés exigido en la Selectividad española es el mismo que en un control en el equivalente a sexto de Primaria, en Suecia. Que tu primer idioma no lo hablen ni diez millones de personas requiere del aprendizaje de otras lenguas. Las películas no se emiten dobladas en Suecia, en la Universidad gran parte de se estudia en inglés… Aunque una parte esnob de la prensa musical anglosajona mira con escepticismo a las formaciones suecas, éstas han logrado llegar al público angloparlante gracias al dominio de su idioma. Este nivel de inglés permite a los adolescentes suecos entender desde un primer momento las letras de los Stones, Led Zeppelin, Nirvana, Green Day, Foo Fighters... 
- Los japoneses del pop
En Suecia también hay grupos que cantan en sueco, que triunfan y de los que nadie sabe nada fuera de sus fronteras. Las canciones de Gyllene Tider, conjunto que capitaneaba Per Gessle antes de desempolvar su pasaporte con Roxette, remueven la nostalgia colectiva sueca como las de Nacha Pop hacen con la española. Y allí también hay quien imita musicalmente los planteamientos anglos: es el caso de los muy conocidos poperos barrocos Kent, pero con letras en su lengua (como tantos de nuestro indie). Pero hay una diferencia:cual japoneses del pop, son especialistas en poner la lupa encima de un género musical, acotarlo y perfeccionarlo (en inglés para eliminar fronteras). No importa si es heavy extremo, rock intimista o música comercial para la discoteca.
- Lo sueco es exótico, práctico y exportable
Ikea, H&M, Absolut Vodka, Spotify… La lista de nombres exportados del pueblo sueco es larga. El sueco sabe de su exotismo. Chauvinismo o seguridad, o ambas cosas, los grupos de este país no tienen miedo a proyectarse fuera de su geografía (lo de los recursos para ello va aparte). Para las pequeñas bandas suecas salir a tocar por Europa, por ejemplo, no está rodeado de un halo de conquista casi imposible, como suele ocurrir en España.    
- Conclusión: ¿sólo el dinero nos lleva a no comprar música a los españoles?
Lo saben los cientos de españoles que pueblan el turístico Gamla Stan, el casco antiguo de Estocolmo: los precios allí no son mucho más altos que los de aquí. Pero, no nos hagamos ilusiones: los sueldos suecos duplican (cuando no más), los nuestros. Y esto también facilita y potencia el hábito de consumir música pagando. Porque, si de la noche a la mañana aquí nuestra nómina se doblara, ¿dejaríamos de bajarnos música sin pagar, le daríamos mayor valor cultural a la música y compraríamos más discos? Esa es la gran duda…
ver artículo original en Rolling Stone

abril 14, 2011

Suecia: Fotos de Einar Erici

Carl Bohlin, Enånger, Hälsingland, Sweden
El carpintero Carl Bohlin de Enånger. Nacido en 1866. Foto de Einar Erici, 1930
Einar Erici (1885–1965) fue un médico que trabajó en el hospital de tuberculosis en Estocolmo al mismo tiempo que ejercía la medicina privada. También fue un experto constructor de órganos de iglesia. Y aún tuvo tiempo para escribir artículos y ensayos, además de hacer unas 2000 fotografías, tanto en placas de cristal como en película negativa. 
Sus fotos fueron tomadas durante la primera mitad del siglo XX y la mayoría de ellas están relacionadas con los órganos de iglesias a lo largo de Suecia. Pero también hizo muchas fotos a la gente, entre los que cabe destacar a los ancianos barbudos; unos miran directamente a la cámara y otros realizan sus labores cotidianas. Todas ellas están clasificadas por nombres de las personas retratadas, lugares y fechas; a veces, incluso la profesión, la edad o la fecha de nacimiento. También hay monjes del monasterio ortodoxo de Valamo, en la Karelia que entonces era parte de Finlandia y que los soviéticos se apropiaron tras la II Guerra Mundial.



Esta colección pertenece a The Swedish National Heritage Board
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