noviembre 08, 2013

Libro: Auroras de medianoche, Luis Pancorbo

Auroras de medianoche
Viaje a las cuatro Laponias
Luis Pancorbo

Prólogo de Manuel Lucena
(Fórcola, colección Periplo, 2013)

Auroras de medianoche narra los conocimientos y las vivencias de su autor entre los sami, esos valientes nómadas que miran constantemente al cielo, por lo que pueda pasar. Desde la península de Kola, en la Laponia Rusa, hasta Sodankylä, en la Laponia finlandesa; desde Finnmark, en la Laponia noruega, hasta Norrland, en la Laponia sueca, Laponia está llena de lugares sagrados: ríos y lagos helados, montañas y bosques nevados.
Allá en los años 70 y 80 del pasado siglo, Televisión Española tuvo una serie de excelentes personajes aventureros que marcaron a los que entonces éramos jóvenes con ansias de aprender y ver más allá de los límites que imponía nuestra grisácea vida cotidiana: Félix Rodriguez de la Fuente, Miguel de la Cuadra, Luis Pancorbo. De este último guardo un especial recuerdo con su serie Otros Mundos, que venía a ser una ventana abierta por la que asomarnos semanalmente a cualquier lugar por donde la vida humana discurría de una manera distinta, ya fueran los yanomamis del Amazonas o los tuaregs del Sahara. No sé cuanto le debo a este señor de mis aficiones viajeras y de mis ganas de compartirlo con los demás a través de textos y fotos, de lo que sí estoy seguro es que el capítulo de los finlandeses marcó un objetivo en aquellos años juveniles, un “algún día iré allí” que se acrecentó más tarde con la emisión, en la TV2, de la mini serie La Edad de Hierro, sobre el Kalevala, el poema épico finlandés que cuenta la historia de los dioses y héroes del remoto pasado de aquella tierra; me maravilló aquella historia, a pesar de lo difícil que resultaba seguir a unos personajes y situaciones tan ajenos a nuestra cultura meridional. 

Pasaron los años y aquel “algún día” llegó finalmente. En mi primera breve estancia en Helsinki recordé imágenes de aquel programa, tal vez con la memoria difuminada por el tiempo, pero con la satisfacción de un “lo hice”. Fruto de aquel viaje fue mi primer artículo publicado en una revista. Con el tiempo, mientras consolidaba mi condición de reportero de viajes, se repetirían las visitas a este país. El ser freelance me permitía publicar varios artículos de cada viaje en distintos medios, lo cual llevó consigo un especial aprecio por parte de Riitta Taamisto, directora de la oficina de turismo, que nunca me negó una propuesta de viaje, incluso cuando no había presupuesto para viajes de prensa. Con el tiempo, tuve suficiente material para afrontar la idea de un libro que finalmente salió a la luz en 2004: Finlandia (Suomi para los amigos), que, según palabras del director del Instituto Hispano-Finlandés, era la continuidad, largo tiempo aplazada, de la literatura de viajes relacionada con los dos países, desde las Carta Finlandesas de Angel Ganivet. 

Casi diez años después llegó a mi Facebook la noticia sobre la presentación de un libro relacionado con Laponia. De momento, me interesaba. Pero definitivamente marqué el día en la agenda cuando lei el nombre del autor, Luis Pancorbo, y llegaron a mi mente imágenes y sensaciones de antaño. Así, el 10 de octubre tuve la suerte de ser uno de los pocos que estuvieron en el Ámbito Cultural escuchando anécdotas de la boca de este gran viajero y comunicador. Terminada la presentación y las preguntas, me acerqué a él para que me firmase el libro y de paso contarle muy brevemente lo que he escrito más arriba. 


El libro Auroras de medianoche trata de las laponias separadas gracias a ese sentido de la civilización que parece obligarnos a dibujar fronteras en los mapas, separando así a la gente, casi siempre a su pesar, como es el caso de los lapones o sami, una étnia ahora dividida entre cuatro países. 

Finlandia sigue siendo un país querido por Pancorbo; la mitad del libro está dedicada a esa Laponia y lo que cuenta está teñido de un especial cariño por esta parte del mundo. Yo también tengo mis experiencias laponas, pero poco son en comparación con aquello que él cuenta gracias a las amistades ganadas que le permiten conocer lugares y rincones poco o nada accesibles a cualquier otro tipo de viajero y además, en intempestivos tiempos donde sólo el ir acompañado por un buen conocedor del lugar puede evitar que una excursión se convierta en tragedia con el fondo blanco de nieves infinitas. 

Leí el libro con la voz de Luis Pancorbo resonando en mi cabeza; esa voz serena que dice mucho y deja entrever más. A base de experiencias concretas, sus palabras dibujan un amplio panorama de níveas inmensidades donde los abedules crecen a duras penas y las huellas de un oso ponen a todos en alerta, rutas por donde es muy difícil encontrarse con otro ser humano, historias con regusto añejo de buscadores de oro, grandes bosques donde canta el urogallo, come liquen el reno y olfatea el zorro ártico en busca de una presa que le ayude a sobrevivir. Y nos acerca también a ese otro mundo, casi desaparecido, donde aun resuena el tambor del chamán en algunos de los sagrados seita que la aculturación y el tiempo han dejado al borde del olvido. 

Tras narrarnos sus propios viajes por las cuatro laponias, Pancorbo reseña a quienes desde tiempos antiguos han escrito sobre este lugar del mundo, en bastantes ocasiones mirándolo desde lejos y con demasiadas ideas preconcebidas. Afortunadamente, no es su caso.

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